"A las plantas las endereza el cultivo; a los hombres, la educación". Barthélemy.

lunes, 1 de octubre de 2012

Blancanieves y los 7 enanitos – Hnos. Grimm (2ª parte)


La reina, una vez que comió los que creía que eran los pulmones y el hígado de Blancanieves, se creyó de nuevo la principal y la más bella de todas las mujeres. Se 


madrastrapuso ante el espejo y dijo:
- ¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
Entonces el espejo respondió:
- La Reina es la más hermosa de este lugar pero, pasando los bosques, en la casa de los enanos, la linda Blancanieves lo es mucho más.
La reina quedó aterrorizada pues sabía que el espejo no mentía nunca. Se dio cuenta de que el cazador la había engañado y de que Blancanieves vivía. Reflexionó y buscó un nuevo modo de deshacerse de ella pues hasta que no fuera la más bella de la región la envidia no le daría tregua ni reposo. Cuando finalmente urdió un plan se pintó la cara, se vistió como una vieja buhonera y quedó totalmente irreconocible.
Así disfrazada atravesó las siete montañas y llegó a la casa de los siete enanos, golpeó a la puerta y gritó:
- ¡Vendo buena mercadería! ¡Vendo! ¡Vendo!blancanieves
Blancanieves miró por la ventana y dijo:
- Buen día, buena mujer. ¿Qué vende usted?
- Una excelente mercadería -respondió-; cintas de todos colores.
La vieja sacó una trenzada en seda multicolor, y Blancanieves pensó:
- Bien puedo dejar entrar a esta buena mujer.
Corrió el cerrojo para permitirle el paso y poder comprar esa linda cinta.
- ¡Niña -dijo la vieja- qué mal te has puesto esa cinta! Acércate que te la arreglo como se debe.
Blancanieves, que no desconfiaba, se colocó delante de ella para que le arreglara el lazo. Pero rápidamente la vieja lo oprimió tan fuerte que Blancanieves perdió el aliento y cayó como muerta.
- Y bien -dijo la vieja-, dejaste de ser la más bella. Y se fue.
Poco después, a la noche, los siete enanos regresaron a la casa y se asustaron mucho al ver a Blancanieves en el suelo, inmóvil. La levantaron y descubrieron el lazo que la oprimía. Lo cortaron y Blancanieves comenzó a respirar y a reanimarse poco a poco.
enanitos2Cuando los enanos supieron lo que había pasado dijeron:
- La vieja vendedora no era otra que la malvada reina. ¡Ten mucho cuidado y no dejes entrar a nadie cuando no estamos cerca!
Cuando la reina volvió a su casa se puso frente al espejo y preguntó:
- ¡Espejito, espejito, de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
Entonces, como la vez anterior, respondió:
La Reina es la más hermosa de este lugar, Pero pasando los bosques, en la casa de los enanos, la linda Blancanieves lo es mucho más.
Cuando oyó estas palabras toda la sangre le afluyó al corazón. El terror la invadió, pues era claro que Blancanieves había recobrado la vida.
- Pero ahora -dijo ella- voy a inventar algo que te hará perecer.
Y con la ayuda de sortilegios, en los que era experta, fabricó un peine envenenado. Luego se disfrazó tomando el aspecto de otra vieja. Así vestida atravesó las siete montañas y llegó a la casa de los siete enanos. Golpeó a la puerta y gritó:
- ¡Vendo buena mercadería! ¡Vendo! ¡Vendo!bruja
Blancanieves miró desde adentro y dijo:
- Sigue tu camino; no puedo dejar entrar a nadie.
- Al menos podrás mirar -dijo la vieja, sacando el peine envenenado y levantándolo en el aire.
Tanto le gustó a la niña que se dejó seducir y abrió la puerta. Cuando se pusieron de acuerdo sobre la compra la vieja le dijo:
- Ahora te voy a peinar como corresponde.
La pobre Blancanieves, que nunca pensaba mal, dejó hacer a la vieja pero apenas ésta le había puesto el peine en los cabellos el veneno hizo su efecto y la pequeña cayó sin conocimiento.
- ¡Oh, prodigio de belleza -dijo la mala mujer- ahora sí que acabé contigo!
Por suerte la noche llegó pronto trayendo a los enanos con ella. Cuando vieron a Blancanieves en el suelo, como muerta, sospecharon enseguida de la madrastra. Examinaron a la niña y encontraron el peine envenenado. Apenas lo retiraron, Blancanieves volvió en sí y les contó lo que había sucedido. Entonces le advirtieron manzanauna vez más que debería cuidarse y no abrir la puerta a nadie.
En cuanto llegó a su casa la reina se colocó frente al espejo y dijo:
- ¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
Y el espejito, respondió nuevamente:
La Reina es la más hermosa de este lugar. Pero pasando los bosques, en la casa de los enanos, la linda Blancanieves lo es mucho más.
La reina al oír hablar al espejo de ese modo, se estremeció y tembló de cólera.
- Es necesario que Blancanieves muera -exclamó-aunque me cueste la vida a mí misma.
Se dirigió entonces a una habitación escondida y solitaria a la que nadie podía entrar y fabricó una manzana envenenada. Exteriormente parecía buena, blanca y roja y tan bien hecha que tentaba a quien la veía; pero apenas se comía un trocito sobrevenía la muerte. Cuando la manzana estuvo pronta, se pintó la cara, se disfrazó de campesina y atravesó las siete montañas hasta llegar a la casa de los siete enanos.
Golpeó. Blancanieves sacó la cabeza por la ventana y dijo:
- No puedo dejar entrar a nadie; los enanos me lo han prohibido.enanitos1
- No es nada -dijo la campesina- me voy a librar de mis manzanas. Toma, te voy a dar una.
- No-dijo Blancanieves -tampoco debo aceptar nada.
- ¿Ternes que esté envenenada? -dijo la vieja-; mira, corto la manzana en dos partes; tú comerás la parte roja y yo la blanca.
La manzana estaba tan ingeniosamente hecha que solamente la parte roja contenía veneno. La bella manzana tentaba a Blancanieves y cuando vio a la campesina comer no pudo resistir más, estiró la mano y tomó la mitad envenenada. Apenas tuvo un trozo en la boca, cayó muerta.
Entonces la vieja la examinó con mirada horrible, rió muy fuerte y dijo:
- Blanca como la nieve, roja como la sangre, negra como el ébano. ¡Esta vez los enanos no podrán reanimarte!
Vuelta a su casa interrogó al espejo:
- ¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
Y el espejo finalmente respondió:
- La Reina es la más hermosa de esta región.
 bn cristal Entonces su corazón envidioso encontró reposo, si es que los corazones envidiosos pueden encontrarlo alguna vez.
A la noche, al volver a la casa, los enanitos encontraron a Blancanieves tendida en el suelo sin que un solo aliento escapara de su boca: estaba muerta. La levantaron, buscaron alguna cosa envenenada, aflojaron sus lazos, le peinaron los cabellos, la lavaron con agua y con vino pelo todo esto no sirvió de nada: la querida niña estaba muerta y siguió estándolo.
La pusieron en una parihuela, se sentaron junto a ella y durante tres días lloraron. Luego quisieron enterrarla pero ella estaba tan fresca como una persona viva y mantenía aún sus mejillas sonrosadas.
Los enanos se dijeron:
- No podemos ponerla bajo la negra tierra e hicieron un ataúd de vidrio para que se la pudiera ver desde todos los ángulos, la pusieron adentro e inscribieron su nombre en letras de oro proclamando que era hija de un rey. Luego expusieron el ataúd en la montaña. Uno de ellos permanecería siempre a su lado para cuidarla. Los animales también vinieron a llorarla: primero un mochuelo, luego un cuervo y más tarde una palomita.
Blancanieves permaneció mucho tiempo en el ataúd sin descomponerse; al contrario, parecía dormir, ya que siempre estaba blanca como la nieve, roja como la sangre y sus cabellos eran negros como el ébano.
Ocurrió una vez que el hijo de un rey llegó, por azar, al bosque y fue a casa de los enanos a pasar la noche. En la montaña vio el ataúd con la hermosa Blancanieves en su interior y leyó lo que estaba escrito en letras de oro.bsj_gnom8
Entonces dijo a los enanos:
- Dénme ese ataúd; les daré lo que quieran a cambio.
- No lo daríamos por todo el oro del mundo -respondieron los enanos.
- En ese caso -replicó el príncipe- regálenmelo pues no puedo vivir sin ver a Blancanieves. La honraré, la estimaré como a lo que más quiero en el mundo.
Al oírlo hablar de este modo los enanos tuvieron piedad de él y le dieron el ataúd. El príncipe lo hizo llevar sobre las espaldas de sus servidores, pero sucedió que éstos tropezaron contra un arbusto y como consecuencia de la sacudida, el trozo de manzana envenenada que Blancanieves aún conservaba en su garganta fue despedido hacia afuera. Poco después abrió los ojos, levantó la tapa del ataúd y se irguió, resucitada.
- ¡Oh, Dios!, ¿dónde estoy? -exclamó.
- Estás a mi lado -le dijo el príncipe lleno de alegría.
Le contó lo que había pasado y le dijo:
- Te amo como a nadie en el mundo; ven conmi-go al castillo de mi padre; serás mi mujer.
3315093115_4f481e347eEntonces Blancanieves comenzó a sentir cariño por él y se preparó la boda con gran pompa y magnificencia.
También fue invitada a la fiesta la madrastra de Blancanieves. Después de vestirse con sus hermosos trajes fue ante el espejo y preguntó:
- ¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
El espejo respondió:
- La Reina es la más hermosa de este lugar. Pero la joven Reina lo es mucho más.
Entonces la mala mujer lanzó un juramento y tuvo tanto, tanto miedo, que no supo qué hacer. Al principio no quería ir de ningún modo a la boda. Pero no encontró reposo hasta no ver a la joven reina.
Al entrar reconoció a Blancanieves y la angustia y el espanto que le produjo el descubrimiento la dejaron clavada en el suelo sin poder moverse.
Pero ya habían puesto zapatos de hierro sobre carbones encendidos y luego los colocaron delante de ella con tenazas. Se obligó a la bruja a entrar en esos zapatos incandescentes y a bailar hasta que le llegara la muerte.

Blancanieves y los 7 enanitos – Hnos. Grimm (1ª parte)


castillo bnHabía una vez, en pleno invierno, una reina que se dedicaba a la costura sentada cerca de una ventana con marco de ébano negro. Los copos de nieve caían del   cielo como plumones. Mirando nevar se pinchó un dedo con su aguja y tres gotas de sangre cayeron en la nieve. Como el efecto que hacía el rojo sobre la blanca nieve era tan bello, la reina se dijo:
- ¡Ojalá tuviera una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y tan negra como la madera de ébano!
Poco después tuvo una niñita que era tan blanca como la nieve, tan encarnada como la sangre y cuyos cabellos eran tan negros como el ébano. Por todo eso fue llamada Blancanieves. Y al nacer la niña, la reina murió.
Un año más tarde el rey tomó otra esposa. Era una mujer bella pero orgullosa y arrogante, y no podía soportar que nadie la superara en belleza. Tenía un espejo maravilloso y cuando se ponía frente a él, mirándose le preguntaba:
- ¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?bn
Entonces el espejo respondía:
- La Reina es la más hermosa de esta región.
Ella quedaba satisfecha pues sabía que su espejo siempre decía la verdad.
Pero Blancanieves crecía y embellecía cada vez más; cuando alcanzó los siete años era tan bella como la clara luz del día y aún más linda que la reina.
Ocurrió que un día cuando le preguntó al espejo:
- ¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
El espejo respondió:
La Reina es la hermosa de este lugar, pero la linda Blancanieves lo es mucho más.
La reina tuvo miedo y se puso amarilla y verde de envidia. A partir de ese momento, cuando veía a Blancanieves el corazón le daba un vuelco en el pecho, tal era el odio que sentía por la niña. Su envidia y su orgullo crecían cada día más, como una mala cazadorhierba, de tal modo que no encontraba reposo, ni de día ni de noche.
Entonces hizo llamar a un cazador y le dijo:
- Lleva esa niña al bosque; no quiero que aparezca más ante mis ojos. La matarás y me traerás sus pulmones y su hígado como prueba.
El cazador obedeció y se la llevó, pero cuando quiso atravesar el corazón de Blancanieves, la niña se puso a llorar y exclamó:
- ¡Mi buen cazador, no me mates!; correré hacia el bosque espeso y no volveré nunca más.
Como era tan linda el cazador tuvo piedad y dijo:
- ¡Corre, pues, mi pobre niña!
Pensaba, sin embargo, que las fieras pronto la devorarían. No obstante, no tener que matarla fue para él como si le quitaran un peso del corazón. Un cerdito venía saltando; el cazador lo mató, extrajo sus pulmones y su hígado y los llevó a la reina como prueba de que había cumplido su misión. El cocinero los cocinó con sal y la mala mujer los comió creyendo comer los pulmones y el hígado de Blancanieves.casita enanitos
Por su parte, la pobre niña se encontraba en medio de los grandes bosques, abandonada por todos y con tal miedo que todas las hojas de los árboles la asustaban. No tenía idea de cómo arreglárselas y entonces corrió y corrió sobre guijarros filosos y a través de las zarzas. Los animales salvajes se cruzaban con ella pero no le hacían ningún daño. Corrió hasta la caída de la tarde; entonces vio una casita a la que entró para descansar. En la cabañita todo era pequeño, pero tan lindo y limpio como se pueda imaginar. Había una mesita pequeña con un mantel blanco y sobre él siete platitos, cada uno con su pequeña cuchara, más siete cuchillos, siete tenedores y siete vasos, todos pequeños. A lo largo de la pared estaban dispuestas, una junto a la otra, siete camitas cubiertas con sábanas blancas como la nieve. Como tenía mucha hambre y mucha sed, Blancanieves comió trozos de legumbres y de pan de cada platito y bebió una gota de vino de cada vasito. Luego se sintió muy cansada y se quiso acostar en una de las camas. Pero ninguna era de su medida; una era demasiado larga, otra un poco corta, hasta que finalmente la séptima le vino bien. Se acostó, se encomendó a Dios y se durmió.
Cuando cayó la noche volvieron los dueños de casa; eran siete enanos que excavaban y extraían metal en las montañas. Encendieron sus siete farolitos y vieron que alguien había venido, pues las cosas no estaban en el orden en que las habían dejado.
El primero dijo:
-¿Quién se sentó en mi sillita?camitas
El segundo:
-¿Quién comió en mi platito?
El tercero:
-¿Quién comió de mi pan?
El cuarto:
-¿Quién comió de mis legumbres?
El quinto.
-¿Quién pinchó con mi tenedor?
El sexto:
-¿Quién cortó con mi cuchillo?
El séptimo:
-¿Quién bebió en mi vaso?
Luego el primero pasó su vista alrededor y vio una pequeña arruga en su cama y dijo:
-¿Quién se acostó en mi cama?enanitos
Los otros acudieron y exclamaron:
-¡Alguien se ha acostado en la mía también! Mirando en la suya, el séptimo descubrió a Blancanieves, acostada y dormida. Llamó a los otros, que se precipitaron con exclamaciones de asombro. Entonces fueron a buscar sus siete farolitos para alumbrar a Blancanieves.
- ¡Oh, mi Dios -exclamaron- ¡qué bella es esta niña!
Y sintieron una alegría tan grande que no la despertaron y la dejaron dormida. El séptimo enano se acostó una hora con cada uno de sus compañeros y así pasó la noche.
Al amanecer, Blancanieves despertó y viendo a los siete enanos tuvo miedo. Pero ellos se mostraron amables y le preguntaron:
- ¿Cómo te llamas?
- Me llamo Blancanieves – respondió ella.
-¿Como llegaste hasta nuestra casa?
Entonces ella les contó que su madrastra había querido matarla pero el cazador había tenido piedad de ella permitiéndole correr durante todo el día hasta encontrar la casita.
Los enanos le dijeron:biancaneve e i sette nani
- Si quieres hacer la tarea de la casa, cocinar, hacer las camas, lavar, coser y tejer y si tienes todo en orden y bien limpio puedes quedarte con nosotros; no te faltará nada.
- Sí -respondió Blancanieves- acepto de todo corazón. Y se quedó con ellos.
Blancanieves tuvo la casa en orden. Por las mañanas los enanos partían hacia las montañas, donde buscaban los minerales y el oro, y regresaban por la noche. Para ese entonces la comida estaba lista.
Durante todo el día la niña permanecía sola; los buenos enanos la previnieron:
- ¡Cuídate de tu madrastra; pronto sabrá que estás aquí! ¡No dejes entrar a nadie!

domingo, 30 de septiembre de 2012

Pegasos – Antonio Machado



Pegasos, lindos pegasos, tiovivo
caballitos de madera…
Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.
En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.
¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!.

martes, 25 de septiembre de 2012

Refrán para hoy.



Quien no te conozca que te compre – Juan Valera



No nos atrevemos a asegurarlo, pero nos parece y querernos suponer que el tío Cándido fue natural y vecino de la ciudad de Carmona.
Tal vez el cura que le bautizó no le dio el nombre de Cándido en la pila, sino que después todos cuantos le conocían y trataban le llamaron Cándido porque lo era en extremo. En todos los cuatro reinos de Andalucía no era posible hallar sujeto más inocente y sencillote.
El tío Cándido tenía además muy buena pasta.
Era generoso, caritativo y afable con todo el mundo. Como había heredado de su padre una haza, algunas aranzadas de olivar y una casita en el pueblo, y como no tenía hijos, aunque estaba casado, vivía con cierto desahogo.
Con la buena vida que se daba se había puesto muy lucio y muy gordo.
Solía ir a ver su olivar, caballero en un hermosísimo burro que poseía; pero el tío Cándido era muy bueno, pesaba mucho, no quería fatigar demasiado al burro y gustaba de hacer ejercicio para no engordar más. Así es que había tomado la costumbre de hacer a pie parte del camino, llevando el burro detrás asido del cabestro.
Ciertos estudiantes sopistas le vieron pasar un día en aquella disposición, o sea a pie, cuando iba ya de vuelta para su pueblo.
Iba el tío Cándido tan distraído que no reparó en los estudiantes.
Uno de ellos, que le conocía de vista y de nombre y sabía sus cualidades, informó de ellas a sus compañeros y los excitó a que hiciesen al tío Cándido una burla.
El más travieso de los estudiantes imaginó entonces que la mejor y la más provechosa sería la de hurtarle el borrico. Aprobaron y hasta aplaudieron los otros, y puestos todos de acuerdo, se llegaron dos en gran silencio, aprovechándose de la profunda distracción del tío Cándido, y desprendieron el cabestro de la jáquima. Uno de los estudiantes se llevó el burro, y el otro estudiante, que se distinguía por su notable desvergüenza y frescura, siguió al tío Cándido con el cabestro asido en la mano.
Cuando desaparecieron con el burro los otros estudiantes, el que se había quedado asido al cabestro tiró de él con suavidad. Volvió el tío Cándido la cara y se quedó pasmado al ver que en lugar de llevar el burro llevaba del diestro a un estudiante.
Este dio un profundo suspiro, y exclamó:
- Alabado sea el Todopoderoso.
- Por siempre bendito y alabado, -dijo el tío Cándido.
Y el estudiante prosiguió:
- Perdóneme usted, tío Cándido, el enorme perjuicio que sin querer le causo. Yo era un estudiante pendenciero, jugador, aficionado a mujeres y muy desaplicado. No adelantaba nada. Cada día estudiaba menos. Enojadísimo mi padre me maldijo, diciéndome: eres un asno y debieras convertirte en asno.
Dicho y hecho. No bien mi padre pronunció la tremenda maldición, me puse en cuatro pies sin poderlo remediar y sentí que me salía rabo y que se me alargaban las orejas. Cuatro años he vivido con forma condición asnales, hasta que mi padre, arrepentido de su dureza, ha intercedido con Dios por mí, y en este mismo momento, gracias sean dadas a su Divina Majestad, acabo de recobrar mi figura y condición de hombre.
Mucho se maravilló el tío Cándido de aquella historia, pero se compadeció del estudiante, le perdonó el daño causado y le dijo que se fuese a escape a presentarse a su padre y a reconciliarse con él.
No se hizo de rogar el estudiante, y se largó más que deprisa, despidiéndose del tío Cándido con lágrimas en los ojos y tratando de besarle la mano por la merced que le había hecho.
Contentísimo el tío Cándido de su obra de caridad se volvió a su casa sin burro, pero no quiso decir lo que le había sucedido porque el estudiante le rogó que guardase el secreto, afirmando que si se divulgaba que él había sido burro lo volvería a ser o seguiría diciendo la gente que lo era, lo cual le perjudicaría mucho, y tal vez impediría que llegase a tomar la borla de Doctor, como era su propósito.
Pasó algún tiempo y vino el de la feria de Mairena.
El tío Cándido fue a la feria con el intento de comprar otro burro.
Se acercó a él un gitano, le dijo que tenía un burro que vender y le llevó para que le viera.
Qué asombro no sería el del tío Cándido cuando reconoció en el burro que quería venderle el gitano al mismísimo que había sido suyo y que se había convertido en estudiante. Entonces dijo el tío Cándido para sí:
- Sin duda que este desventurado, en vez de aplicarse, ha vuelto a sus pasadas travesuras, su padre le ha echado de nuevo la maldición y cátale allí burro por segunda vez.
Luego, acercándose al burro y hablándole muy quedito a la oreja, pronunció estas palabras, que han quedado como refrán:
- Quien no te conozca que te compre.



lunes, 24 de septiembre de 2012

Alí Babá y los cuarenta ladrones



En un lejano país de oriente, vivía un joven de nombre Alí Babá que era muy humilde. Tenía un hermano, llamado Qasim, muy rico y ambicioso.
 Alí se dedicaba a recoger leña del campo para venderla en la ciudad, y con el poco dinero que recogía, sostenía a su esposa.
 Un día que se encontraba trabajando, cuando se disponía a regresar a su casa, el joven Alí escuchó el sonido de muchos caballos que se dirigían hacia él. Asustado decidió esconderse tras un árbol desde donde pudo ver quién se acercaba: eran 40 hombres montados a caballo.
 Uno de ellos, que parecía el jefe, bajó del caballo, se colocó frente a una roca y, tras mirar a todas partes, dijo:
 - ¡Abrete Sésamo!
 Inmediatamente una gran roca se movió dejando al descubierto una cueva. Los jinetes bajaron gran cantidad de bultos que depositaron en la cueva y, tras pronunciar las palabras:
 - ¡Ciérrate Sésamo!,
 Para que la roca se cerrara, volvieron a montar en sus caballos y se marcharon por el bosque.
 Alí Babá, asombrado y lleno de curiosidad, tras esperar un largo rato para no verse sorprendido por los jinetes, si volvían, descendió, se colocó ante la entrada de la cueva y dijo:
 -¡ Abrete Sésamo!
 De nuevo la roca se movió y Alí entró en la cueva. En su interior había gran cantidad de tesoros, joyas, monedas de oro y perlas. Maravillado con lo que estaba viendo, decidió tomar un saco y llenarlo con joyas y monedas de oro. Luego cerró la cueva y esperó hasta que fuera de noche para viajar al pueblo. Una vez allí, le contó a su mujer lo sucedido.
 La mujer le pidió a la esposa de Qasim una balanza para poder pesar los tesoros que su marido había conseguido. Llena de curiosidad por saber qué pesaría el hermano de su esposo, la esposa de Qasim untó la balanza con cera. Cuando le fue devuelta la balanza descubrió rastros de oro así que, inmediatamente se lo contó a Elí que, lleno de avaricia, exigió a su hermano que le explicara de dónde había sacado el oro. Alí le contó la historia de la cueva por lo que Qasim decidió ir para aumentar sus riquezas, sin el conocimiento de su hermano.
 Al llegar al lugar, pronunció las palabras mágicas:
 - ¡ Abrete Sésamo!
 Inmediatamente las puertas se abrieron y Qarim comenzó a llenar sacos y más sacos de las joyas y tesoros que había encontrado, pero con tan mala suerte que los ladrones regresaron y vieron la cueva abierta. Intentó esconderse pero fue inútil y los bandidos, al encontrarlo, lo golpearon hasta matarlo.
 La esposa de Qarin, al ver que no regresaba, dijo a  Alí Babá que su hermano había desaparecido, este fue a la cueva, descubrió su cuerpo sin vida de Qarim y lo llevó a su casa.
 Alí intuyó que los ladrones, al no encontrar el cuerpo en la cueva, sabrían que otra persona había entrado y buscarían por todos lados, así que ideó un plan para poder esconderse:
 Primeramente, la mujer de Qarim debía decir que su esposo había tenido una muerte natural; en segundo lugar él y su esposa se irían a vivir a la casa de su hermano y comenzaría a administrar sus  riquezas. Y así lo hicieron.
 Los ladrones descubrieron que el cuerpo del intruso había desaparecido y buscaron a quien se lo había llevado. Localizaron dónde vivía Qarim e incluso uno de ellos llegó a casa de Alí y vio en la entrada uno de los jarrones que había en la cueva, entonces fue corriendo a informar a su jefe que decidió vengarse.
 Se disfrazó de mercader y los 39 hombres restantes se escondieron en grandes orzas de aceite, llegaron donde vivía Alí, el mercader pidió posada y las orzas fueron guardadas en un patio interior.
 Pero uno de los sirvientes de Alí necesitó aceite para preparar la comida y fue a donde estaban las orzas para coger un poco; allí, cuando estaba a punto de abrir una de ellas, escuchó que en interior decía alguien:
 - Debemos esperar la señal del jefe para salir
 Sorprendido, decidió actuar rápidamente, calentó grandes cantidades de agua y cuando estaba hirviendo, con ayuda de otro sirviente, la echó en el interior de las orzas y murieron todos los ladrones que había en ellas.
 Entretanto el jefe de la banda compartía cena con Alí, su esposa y su cuñada, a media noche bajó a dar orden a sus hombres pero, al no responder nadie, abrió las orzas y se encontró que habían muerto. Al darse cuenta de que había sido descubierto intentó huir, pero el sirviente se dio cuenta y no se lo permitió.
 Contó lo sucedido a Alí y este, complacido por su forma de actuar lo premió con una bolsa de oro y la mano de su hija.
Esta historia tiene sus raíces en una saga sudanesa del rey Alí Babá de la tribu Bija.
El rey rehusaba pagar impuestos a Al-Mutawakkil, el décimo califa abbasí de Bagdad. El rey rebelde selló todas las minas de oro de las montañas y detenía a todos los funcionarios que iban a la zona del mar Rojo. Bagdad envió su ejército para mantener el poder sobre el vital mercado del oro del mundo islámico (se creía que Sudán proveía más del 60% del oro abbasí en la época previa a las Cruzadas) y en cinco años logró aplastar la rebelión. Alí Babá, llevado a Bagdad, entregó todo el oro escondido por sus hombres al califa. Una exhibición pública del enorme tesoro y del derrotado rey se llevó a cabo en todas las ciudades importantes en el camino a la capital Samarra, creando la leyenda de las cuevas y los ladrones. Al final, a Alí Babá le fue concedida la amnistía y a su regreso dio oro a todos los necesitados de las principales ciudades de su camino como gesto de buena voluntad con los musulmanes contra los que luchó.
De La wikipedia
Podríamos ambientarnos con la música de Johann Strauss hijo, para ser más precisa, me refiero a su “Marcha egipcia” (op.335) que tiene tintes orientales y que le fue encargada para la inauguración del Canal de Suez, que se celebró el 17 de noviembre de 1869 con una ceremonia en Port Said. El compositor la dirigió por primera vez en “Vauxhall Pavilion” 6 de julio del mismo año.
En el vídeo podemos ver algunas postales de Egipto.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Refrán para hoy



CARTA A PADRES INICIO DE CURSO


Estimadas familias:
Al inicio de un nuevo curso escolar, nos dirigimos a ustedes para hacerles llegar
nuestra satisfacción, al tener a sus hijos/as como alumnos/as de nuestro colegio... Seguir leyendo.