"A las plantas las endereza el cultivo; a los hombres, la educación". Barthélemy.

martes, 5 de marzo de 2013

El lobito bueno (para la comunicación)



El lobito bueno tenía un padre que era menos bueno. Los corderos y los cabritillos tenían mucho cuidado de no ponerse a sus alcances. Papá Lobo estaba cierta mañana descansando en su cama. Aquel día no tenía ganas de salir, y decidió pasarse el día entero durmiendo desde la mañana hasta la noche.
Pero no podía conciliar el sueño, puesto que por la ventana penetraba un ruido escandaloso. ¿Qué podría ser?
Se levantó papá Lobo y echó una mirada a la calle. Entonces se quedó agradablemente sorprendido de lo que pudo ver en ella. Y se relamió con gusto los labios…
El Lobito bueno estaba jugando a la pelota. Esto no tenía nada de particular. Pero lo que le llamó la atención a papá Lobo fue que el otro jugador era el más sonrosado cerdito de cuantos solían pasearse por el bosque. Precisamente, papá Lobo había pensado muchas veces que aquel cerdito tenía que estar riquísimo en una buena cazuela y bien cubierto con salsa de tomate.
- Ésta es una ocasión magnífica que no debo desaprovechar. Quédese la siesta para más tarde, porque es una gran suerte para mí encontrarme este cerdito. En cuanto le he visto, me han entrado ganas de comer carne de cerdo. Pronto… Corramos. No vaya a ser que mi querido cerdito adivine lo que le espera, y se me escape…
- ¡Eh, cerdito, amigo cerdito! Aguarda un momento, porque tengo necesidad de hacerte una preguntita. Vamos a ver: ¿a que no sabes en quién estoy pensando para que me sirva de cena esta noche? Empieza por C y termina con O.
- ¡Ajajá! ¡ya te cacé!
- Eso no está nada bien, papá. Te has apoderado del cerdito. Deberías estar avergonzado.
-¿Avergonzado? ¿Por qué?
- Nos han dicho en la escuela que ningún lobo honrado se dedica a cazar con engaño cerditos. Tú eres honrado, ¿verdad, papá?
- Yo…, pues … verás…
- No querrás que digan que mi papá no es honrado. Me sentiría apenado.
- ¡Está bien! Dejaré libre al cerdito. Pero te prohibo en adelante que juegues con cerditos. Se me hace la boca agua, ¿te enteras bien? No sé por qué razón has de jugar con cerditos. Supongo que ha de haber otros chicos en la vecindad. Vete por ahí, y búscate nuevos amigos.
- Está bien, papá. Así lo haré.
El Lobito bueno se fue por el bosque. Pasó de largo por delante de la casa del Caracol, porque pensó Lobito que los hijos de aquél andaban tan despacio que no le iban a servir para jugar a la pelota.
Luego, estuvo tentado de llamar en casa del Erizo. Pero se acordó de que el día anterior lo había pinchado con las duras púas de su cuerpo. Finalmente, tocó a la puerta donde vivía la señora Osa, y dijo:
- Soy el Lobito que vive cerca del río y estoy buscando un amigo para jugar… Si por casualidad tuvieran ustedes un osito de mi tamaño… busco un compañero que le agrade a mi papá.
- Aquí tienes a nuestro hijo, el Osito. Espero que seréis excelentes camaradas, Lobito bueno.
- Vamos a ser muy buenos amigos. Jugaremos a lo que más te guste.
Se fueron los dos saltando por el bosque. y papá Oso y mamá Osa vieron cómo se alejaban cogidos del brazo como buenos compañeros. Mamá Osa, sobre todo, estaba muy satisfecha de que el Lobito bueno hubiera llamado a su puerta.
- ¿No te parece – le dijo a papá Oso – que es un lobito muy simpático? Seguramente que sus papás serán personas muy buenas y muy educadas. Me gustaría conocerlos, papá Oso.
- Está bien, si así lo deseas. Pero no sabemos dónde viven.
- No será difícil encontrar su casa; recuerda que el lobito nos dijo que vivía cerca del río. Vístete, que vamos a ir a hacerles una visita esta tarde.
- ¿Crees que estoy bien presentado con mi traje de fiesta?
- Estás muy elegante, papá Oso. Te he planchado la camisa, y has estrenado guantes. Mira: esta casa tiene que ser. Ella sola está junto al río.
- Bueno, pues, llamaremos a la puerta ahora mismo.
- Papá Oso: no te olvides de los buenos modales. Esta gente debe ser muy educada y de gran distinción.
- Lo que tú digas; llamaré otra vez, ahora más fuerte.
 - ¿Quién será el que me despierta en lo mejor de la siesta? No quiero levantarme. Haré como que no oigo, y el que sea, se marchará.
- ¡Pom! ¡Pom!
- ¿Otra vez? ¡Uf! Me está pareciendo que empiezo a perder la paciencia… y me gustaría mucho que esos malditos porrazos los estuviera recibiendo en su nariz el que llama.
- ¡POM! ¡POM! ¡POM!
- Esto es demasiado. ¡Canastos! ¿Me quieren echar la puerta abajo? Como me levante y me obliguen a salir, aseguro a quien sea que se acordará del Lobo durante todos los días de su vida.
- ¡POM! ¡POM! ¡POM!
- No te enfades, papá Oso. Es posible que sean un poco sordos. Llama más fuerte. Más. Así. Pero no te enfades. Recuerda que en esta casa deben ser muy educados. Supongo que no querrás quedar en mal lugar… Anda, llama otra vez, lo más fuerte que puedas.
- ¡¡YA VOOOY!!… ¡Rayos y truenos! ¿Pero quién es el maldito que encima de no querer dejarme dormir, también se empeña en machacarme la casa? Esto no hay quien lo aguante ni un momento más. No cesan de aporrear mi puerta. ¡Ya voy!…
- ¡Oh! le ruego que me disculpe, señor . Estaba llamando en su puerta, y como ha abierto usted tan de repente…
- ¿Quién diablos es usted? ¿Por qué escandaliza de esa manera? ¿Qué quiere? Le advierto que no compro nada, ¿me entiende bien?
- Discúlpeme. Pero es que mi señora y yo…
- ¡No tengo ganas de conversación! Si tratan de venderme algo, no lo quiero ni me hace falta.
- Perdone; permita que me presente…
-¿Es que no quieren entenderme? ¿Cómo he de decirles que no necesito nada?
El lobo cerró dando gran portazo, y las narices de papá Oso recibieron un mamporro más que regular. se volvió enfadado hacia mamá Osa.
- ¿Es ésta la gente tan educada?
- Verás… tampoco tú estuviste muy correcto.
- ¿Qué no he estado correcto? ¿Y por qué?
- Es mejor que no discutas. Al fin y al cabo, tú le diste a él un puñetazo. No debería extrañarte que se enfade. Ya ves cómo tú también te quejas porque te ha dado con la puerta en las narices. Yo diría que la falta no es suya. Debes pedirle disculpas.
- Me parece que no te comprendo muy bien, mamá Osa. ¿Quieres decirme que tengo que pedirle perdón, después de todo lo mal que hemos sido recibidos?
- No deberías acordarte de ello; él te ha dado un golpe, pero tú le diste primero otro a él. Quedáis en paz y estamos igual que al principio. Esto es lo razonable, papá Oso.
- Según eso, tú crees que debo llamar.
- Claro. Te disculparas, y quedáis tan amigos.
- Está bien. Llamaré.
- Pero sin mal genio. Hay que tener buenos modales.
- Lo procuraré.
¡Bom! ¡Bom!
- ¿Quién es ahora? – preguntó la voz malhumorada del Lobo.
- Le ruego que abra usted un momento. Quiero decirle que…
- ¡¡Maldición!! Este oso se ha propuesto no dejarme descansar, y le voy a dar un escarmiento .
¡BOM! ¡BOM! Volvió a golpear el puño de papá Oso, quien al ver que no venía nadie a abrir, insistió. Como él decía: no iban a estarse toda la tarde contemplando la puerta verde.
- ¡Por cien mil bombas! – gritó el lobo -. Ahora mismo voy a demostrar a quien sea, que el que me busca me encuentra.
¡Zas, zas, zas! Resonaron varios escobazos, al mismo tiempo que el Lobo desahogaba de golpe todo su mal humor.
- Ya me ha encontrado usted, señor Oso. ¿Acaso se cree que he puesto esta puerta en mi casa para que me la venga a destrozar usted con sus porrazos? Me cansé de aguantar sus impertinencias, y si lo que está pretendiendo es buscarme las cosquillas, llévese usted otro escobazo para que conserve un gran recuerdo de mí.
- ¿Escobazos a un oso?… Pues váyanse al diablo las buenas maneras, y la educación de esta gente distinguida, y los buenos modos, y…
¡PLAF!
- Papá Oso, no te excites – pedía la mamá.
- ¡Ay! – gimió el lobo -. ¿Qué es lo que ha pasado aquí? Me ha caído una torre sobre el carrillo… me ha caído una muralla… ¡me ha caído un ciclón!
- Le voy a dar su merecido, Lobo insolente.
- ¡Socorro! Que me llevan por los aires.
- Es usted una persona muy mal educada. Me agrada mucho podérselo decir en su propia cara.
- Papá Oso, no te acalores tanto – aconsejaba la mamá -; cuando te pones a discutir con alguien me pones nerviosa, y es que me acuerdo de cuando le rompiste un hueso al leopardo.
- ¿Al leopardo? ¿Un hueso? – clamó el Lobo -. Señora: haga el favor de separarme de su marido, o me pasará lo que al leopardo, pero con muchos más huesos rotos. Suélteme usted, señor Oso.
- Voy a enseñarle antes a tener buenos modales.
- ¿Adonde voy?
- Al cubo de la basura. y de gracias el señor Lobo a que tenemos una señora delante. Si yo no mirase eso, ahora mismo en vez de poner al Lobo dentro de la basura, pondría la basura dentro del Lobo.
Mamá Osa se alejó al final, llevándose a su marido, y el infeliz Lobo salió más tarde, como pudo, y se encerró en su casa, palpándose los chichones.
Tenía dolores en todo el cuerpo, y a cualquiera que le preguntase entonces le hubiera contestado que estaba tan molido como si sobre el cuerpo le acabara de pasar un camión bien cargado.
En estas consideraciones estaba, cuando oyó llamar a la puerta muy suavemente. Tan suave, que sólo un amigo podía llamar así.

El lobo había vuelto a meterse en su cama. Ya no tenía sueño, porque el encuentro con papá Oso se lo había quitado por completo. Pero le dolía la cabeza, y para refrescarse el calor del bofetón se había colocado una gran barra de hielo que había sacado de la nevera. Se imaginaba que dos o tres horas de tranquilidad, mientras tanto fumaba el tabaco de pipa, le dejarían tan bien como al principio. Y en esta situación se encontraba cuando sonaron en la puerta aquellos suaves golpes.
- ¿Quién llama?
- Soy yo, papá: el Lobito.
- ¡Bah!, ¿Qué es lo que quieres? ¿No te dije que te entretuvieses por ahí?
- Si, papá.
- Bueno, pues sigue entretenido y no vuelvas a molestarme.
- Vengo a decirte que he seguido tus consejos.
- ¿Consejos? ¿Qué clase de consejos?
- Recordarás lo que me dijiste de los cerditos. Que no te gustaba…
- ¿A mí? – interrumpió el Lobo -. ¿Quién dijo que no me gustan? Asados están riquísimos.
- … que no te gustaba verme jugar con ellos.
- ¡Ah!
- Por eso, he estado en el bosque buscando otros amiguitos. Fui a casa del Erizo.
- … del Erizo – repitió aburrido el Lobo.
- También estuve con el Caracol.
- … con el Caracol. ¡Bah!
- Y con el Zorrito, y el Burro, y el Ganso. Lo he pasado muy bien. Pero hay uno entre todos al que he traído aquí para que le conozcas. Ábreme la puerta. ¿A que no sabes quién es?
- No, claro está que no.
- Pues se trata de un oso.
- ¿Cómo? ¿Un oso has dicho?
- ¡Que no entre, que no entre! No le dejes pasar, porque ese Oso es un terremoto. Y sálvese quien pueda, porque yo me voy de aquí antes de que me alcance otra vez. ¡Hasta luego!
El Lobo se puso tan nervioso y atolondrado imaginándose que ya estaba el papá Oso preparando sus puños para caer de nuevo sobre él, que sin detenerse a pensarlo ni un instante, saltó de su cama y se arrojó por la ventana a la calle.
 El Lobito bueno y su amigo corrieron hacia allí, rodeando la casa que, como ya sabemos, estaba a orillas del río. El infeliz Lobo, en su apresuramiento para ponerse en salvo, no se acordó de aquella circunstancia.
Y al saltar por la ventana fue a caer justamente dentro del agua.
- ¡Auxilio! Sáquenme de aquí, que todavía no he conseguido aprender a nadar.
El Lobito bueno y su amigo se acercaron corriendo. Y con ellos venía también papá Oso y mamá Osa, que, como eran de buenos sentimientos, habían acordado olvidar lo ocurrido.
- No tenga usted miedo, amigo Lobo; venimos a salvarle. Y lo sacaremos del río dentro de esta red.
El papá de Lobito bueno se tranquilizó al comprender que papá Oso venía en son de paz.
- ¡Oh, me siento avergonzado! – se lamentó el Lobo.
- Olvídelo, amigo – dijo papá Oso -. Yo, ni me acuerdo de los puñetazos que nos dimos.
- No es eso. Me avergüenzo de que me han pescado igual que si fuese una mariposa. ¡Un Lobo convertido en mariposa! No sé lo que dirán los otros lobos cuando se enteren de ello.
- No dirán nada, porque a nadie hemos de contarlo. Festejemos nuestra amistad merendando todos juntos. ¿Le parece bien?
- Perfecto. Y desde hoy seremos dos familias amigas; tan amigos como el Lobito bueno y el Osito

lunes, 4 de marzo de 2013

Educar en valores: la comunicación


 

Durante los primeros años de vida de nuestros hijos  constituimos para ellos su modelo, comunicación1nos admiran y nos toman como ejemplo, es entonces la época ideal para sentar las bases de una buena comunicación, antes de que sean adolescentes.
Es, sin duda alguna, una de las habilidades más importantes que deben de tener los padres. Si los hijos saben que pueden compartir con sus padres sus sentimientos, se sienten valorados y seguros. La buena comunicación es esencial para enseñar a los hijos a auto valorarse, a resolver problemas, y a llevarse bien con los demás.
La comunicación cuando los hijos son pequeños es esencial porque, cuando los hijos crecen, disminuye el control que los padres ejercen sobre ellos. Cuando los padres dejan de tener influencia directa en el entorno inmediato del niño, cuando los amigos ocupan un papel importante, lo más efectivo es un diálogo abierto y sincero. Si los padres no tienen capacidad para comunicarse con los hijos, se ven atrapados en una lucha constante de poderes.
¿Cómo debemos comunicarnos?
Saber escuchar: esto supone un esfuerzo de concentración y hacerles ver que estamos disponibles. Si en un momento dado no se puede prestar completa atención al niño, es mejor parase un momento y decir: “ahora no te puedo atender ¿puedes esperar 10 minutos a que termine…?”, de esta manera, el niño recibe el mensaje de que “mi padre (o mi madre) quiere dedicarme parte de su tiempo”. Escuchar reflexivamente puede parecer al principio difícil, porque a veces cuesta detenerse a reflexionar antes de responder. Parece más fácil reaccionar sin pensar. Sin embargo, se aprende.Mother Comforting Son
Comunicación no verbal:  ninguna comunicación con niños es completa si no concedemos importancia a la comunicación no verbal. Ser receptivo frente a las comunicaciones no verbales de nuestro hijo, nos permite conocer sus estados de ánimo, sus sentimientos y sus preocupaciones. Además, los niños son extraordinariamente sensibles a las indicaciones no verbales de sus padres.
Algunas sugerencias para mejorar la comunicación no verbal con los hijos:
  • Abandonar lo que se está haciendo y prestar atención al hijo
  • Mirarle a los ojos. Inclinarse hacia delante, especialmente cuando lo que comunica él o ella lo considera importante.
  • Evitar las interrupciones. Dejarle terminar de hablar para que vea que realmente estamos interesados en lo que le pasa.
  • Asentir con la cabeza ocasionalmente.
  • Sonreír cuando sea oportuno.
  • Un “Mmm” de vez en cuando le hace saber al niño que se le esta escuchando atentamente.
Estar dispuesto a escuchar a los hijos y aprender a escuchar es el camino para crear un ambiente que estimule la confianza y la seguridad.
Cuando los padres aprenden a comunicarse bien con sus hijos, pronto observan importantes cambios. Los niños se sienten más dispuestos a aceptar las sugerencias de los padres porque se sienten escuchados y comprendidos.
También los hijos aprenden a comunicarse mejor y tienen menos conflictos con los compañeros.
Tener una buena comunicación con los niños pequeños, es un buen inicio para los años difíciles de la adolescencia.
Cuento recomendado: El lobito bueno

PIOJOS A PRUEBA DE BOMBA


Piojos resistentes

Es cierto: acabar con estos molestos parásitos es bastante fastidioso.
Lo último en tratamiento para los piojos ha llegado con unas siliconas como las que ahora contienen muchos productos pediculicidas. Estas sustancias actúan sobre el piojo inmovilizándolo y ahogándolo. A diferencia de los tratamientos tradicionales a base de insecticidas (permetrina, malatión, lindano...) no son tóxicas ni crean resistencias. Sus dos únicas pegas son el precio, son bastante más caros que los tradicionales, y que necesitan tiempo para actuar.
En cuanto a los tratamientos a base de insecticidas, otros inconvenientes son que pueden causar irritación o picor del cuero cabelludo y que casi no afectan a las liendres (huevos). Para eliminarlas recomendamos el uso de una lendrera.
En cualquier caso, no hay que olvidar que estos productos no previenen la infestación, solo la combaten. Existen muchos mitos sobre los piojos que conviene desterrar puesto que no ayudan para nada a eliminar ese molesto parásito.
  • El vinagre acaba con ellos. Es cierto que puede ayudar a disolver el “pegamento” de las liendres y así eliminarlas más fácilmente, pero no es eficaz contra las infestaciones.
  • Saltan de una cabeza a otra. Los piojos no saltan ni vuelan (no tienen alas). Solo pasan de una cabeza a otra por contacto directo.
  • Se contagian por compartir objetos. No se ha demostrado, pero se aconseja evitarlo.
  • Los tratamientos no sirven de nada. Es cierto que ninguno es eficaz al 100 % y que los piojos han desarrollado resistencias a ciertos insecticidas, pero es el mal uso del producto el que las desencadena.
En cualquier caso, lo más efectivo es siempre la prevención. Revisar la cabeza de los niños con regularidad es fundamental para detectar los piojos a tiempo. Si aparecen, además del tratamiento, convienepasar un peine fino o lendrera por el pelo humedecido y con acondicionador, avanzando mechón a mechón. Es una tarea minuciosa que debe hacerse a diario. Tampoco hay que olvidarse de avisar a los amigos y al colegio.

jueves, 28 de febrero de 2013

El zorro y el caballo – Hnos. Grimm




Un granjero tenía un Caballo leal que se había hecho viejo y ya no podía trabajar. Así que su dueño no le dio más de comer y le dijo:granjero
- Ya no te puedo utilizar más, pero todavía te quiero, si pruebas ser lo bastante fuerte como para traerme un León, te cuidaré. Pero ahora vete de mi establo.
Y así lo hecho a campo abierto. EL Caballo estaba triste, y fue al bosque para conseguir un poco de refugio contra las inclemencias del tiempo. Entonces el Zorro se encontró con él y le dijo:
- ¿Por qué estás tan cabizbajo y sólo? -
- ¡Ay de mí! – respondió el Caballo – Avaricia y fidelidad no pueden vivir bajo el mismo techo. Mi amo ha olvidado los servicios que le he prestado durante tantos años, y como ya no puedo empujar la rueda, no me alimentará más y me ha echado. -
- ¿Sin darte opción? – preguntó el Zorro.
- La opción era peor. – dijo él – Si fuera lo bastante fuerte para traerle un León, me cuidaría. Pero bien sabe que no puedo hacerlo.
El Zorro dijo:
- Te ayudaré, limítate a tumbarte, a estirarte como si estuvieses muerto, y no te muevas. -
El Caballo hizo lo que el Zorro dijo y el Zorro fue ver al León, cuya guarida no estaba lejos, y le dijo:
- Un Caballo muerto está tirado ahí fuera, ven conmigo y tendrás un buen almuerzo. -
caballo bcoEl León le siguió y cuando los dos estaban junto al Caballo el Zorro dijo: – Después de todo, aquí no estarás cómodo. Te diré lo que haremos, te lo sujetaré por la cola y entonces podrás arrastrarlo hasta la cueva y devorarlo en paz. -
Eso le gustó al León, se tumbó, y para que el Zorro pudiera atarle el Caballo a la cola rápidamente, se quedó muy quieto. Pero el Zorro ató las patas del León con la cola del Caballo y las ató y sujetó tan bien y con tanta fuerza que ninguna fuerza las podría romper. Cuando terminó le dio un golpecito en el hombro y le dijo:
- Tira, Caballo blanco, tira. -
Entonces el Caballo se puso en pie de un salto, y se llevó el León con él. El León empezó a rugir, y rugió tanto que todos los pájaros del bosque salieron volando aterrorizados. Pero el Caballo lo ignoró y lo llevó arrastrándolo por todo el campo hasta la puerta de su dueño. Cuando el dueño vio al León, se puso de mejor humor y le dijo al Caballo:
- Te quedarás conmigo y comerás bien. -
Y le dio de bien de comer hasta que murió.

No tolera las frustraciones


 



Imagen tomada de MorgueFile.com
“Tengo una hija de 8 años que desde siempre no tolera ningún tipo de contratiempo. Si algo no sale como ella quería se pone a gritar y a llorar, si pierde en un juego, si le decimos que no a una petición o un capricho reacciona igual. Así es desde siempre. Ya lo hemos probado todo: desde tratar de satisfacer todo lo que pide y solucionarle cualquier contratiempo, hasta dejarla por imposible. Estamos superados ¡Ayuda!”
Hace poco recibí un correo con este mensaje. Es representativo de lo que le ocurre a muchas familias ya que se trata de un caso típico de baja tolerancia a la frustración. En esta entrada voy a explicar en qué consiste y facilitar unas pautas para abordarlo.
EN QUÉ CONSISTE
Se dice que un niño o niña tiene baja tolerancia a la frustración sipequeñas adversidades le provocan enfado, rabia, tristeza o abandono de lo que persigue y esos sentimientos lo dominan hasta dejarlo  sin capacidad para responder a esa adversidad de manera adecuada.
Son niños que no soportan un “no” por respuesta, pequeños contratiempos, que tienen mal perder o que lo quieren todo “aquí y ahora”.
POR QUÉ SE PRODUCE
La baja tolerancia a la frustración es sobre todo una conducta aprendida. Es posible que determinados temperamentos predispongan a responder de esta manera, pero generalmente este tipo de conductas cuando se prolongan en el tiempo, son fruto de un proceso de aprendizaje que ahora les explico.
Probablemente a las primeras reacciones de frustración (llantos, gritos, ira) los padres hayan respondido intentando solucionar y satisfaciendo aquello que frustraba a sus hijos. Poco a poco, los padres, con buena intención y sin ser conscientes de lo que hacían, han reforzado esa forma de reaccionar.
Imaginen la siguiente situación: un niño quiere un capricho, algo que no es ni urgente, ni necesario. Los padres se lo niegan o le dicen que tendrá que postponerse. El niño a la negativa de sus padres, se siente frustrado y reacciona de forma desproporcionadamente negativa: grita, llora… los padres entonces ceden y cambian su decisión inicial. Cuando esto se hace repetidamente están “premiando”, reforzando esa forma de actuar. Y está demostrado, que cuando además eso se hace unas veces sí y otras veces no (un reforzamiento variable, se llama técnicamente) la conducta se consolida más aún.
CONSECUENCIAS
Un niño con baja tolerancia a la frustración tiene consecuencias negativas siempre. En primer lugar, para él mismo: sufre de manera desproporcionada. Lo que para los demás son pequeñas contrariedades, para ellos son situaciones más dolorosas.
Son niños disruptivos que se adaptan mal a las situaciones sociales, donde todos tenemos que ceder de alguna manera. ¿Se imaginan no ya un adulto, sino un joven que no tolera de los demás un no por respuesta…?
Las consecuencias también la sufren los padres que tendrán que esforzarse más para que su hijo no tenga ninguna frustración. Como me decía un papá que vivía esta situación: “espero que mi hijo no me pida la luna, porque se la tendré que conseguir”
CÓMO SE CORRIGE
Si lo pensáis se trata de desaprender una forma de responder, para aprender otra forma más adecuada. Para ello les facilito de manera muy resumida algunas pautas a seguir:
1. Que viva las pequeñas frustraciones
Dejad que vuestro  hijo o hija viva las pequeñas frustraciones de cada día y que aprenda a gestionar esos sentimientos de manera adecuada, no las evitéis constantemente.
2. Evitar la sobreprotección
Evitad la sobreprotección excesiva. Sin poner en riesgo su seguridad, dejad que el niño o niña experimente y que se  equivoque, que aprenda a solucionar sus pequeños problemas. Podéis orientarle, pero no le solucionéis lo que puede hacer por sí mismo.
3. No concederle todos los caprichos
No hace falta explicarlo: todo lo que pida por su boca… no se le puede conceder.
4. No acudir siempre de inmediato
Si llora o protesta por pequeñas cosas, no acudid inmediatamente a consolarlo, ni le presten excesiva atención.
Evite que las cosas se hagan siempre inmediatamente cuando las pidan. Tienen que enseñarle lo que es urgente e importante y lo que no lo es.
5. Decir “no”
Aquello que no sea conveniente díganle que “no”, sin miedo: no se va a traumatizar como piensan algunos. Díganle que “no” sin  demasiadas explicaciones e ignorad sus protestas.
6. Cuando esto… lo otro
Utilizad con frecuencia la estrategia de “primero esto… y cuando hagas o suceda esto, entonces lo otro”.
Eseñadle exigiéndole que las actividades se comienzan, se realizan y se terminan: las cosas no se pueden dejar siempre a medias.
7. Ser un ejemplo positivo
Dadle ejemplo de cómo gestionar las frustraciones: cuando vosotros como padres tengáis un contratiempo, verbalizar y reaccionar de manera que seáis ejemplo positivo para vuestro hijo.
8. No cambiar las decisiones
Que las expresiones de frustración del niño (gritos, llantos, insultos, romper cosas) no cambien vuestras decisiones iniciales
9. Ser constantes
Ser constantes: si no estáis dispuestos a actuar… mejor que cedáis antes de que se frustre. Pero si decidís actuar, tenéis que ser constantes: cumplir las pautas unas veces sí y unas veces no suele ser peor aún que no hacer nada.

miércoles, 27 de febrero de 2013

CHARLA DE EDUCACIÓN VIAL.

LOS ALUMNOS DE 3º DE PRIMARIA RECIBEN UNA CHARLA DE EDUCACIÓN VIAL POR PARTE DE LA POLICÍA LOCAL DE PUERTOLLANO.








lunes, 25 de febrero de 2013

El loro pelado



Desde temprano los loros del monte, bulliciosos, iban a comer choclos. Tenían a un loroloro_pelado_by_dokdibujos
centinela en el árbol más alto. Abrían los choclos (mazorcas de maíz tierno) y los picoteaban. Por eso, los peones los cazaban.

Un día, un peón hirió a uno. Ya en casa, sus hijos lo curaron y criaron, llamándole Pedrito. Vivía suelto, se burlaba de las gallinas y, a la hora del té, subía a la mesa a comer pan remojado en leche, pues era su delicia. Aprendió a hablar rápidamente. Una tarde, después de varios días de lluvias, se puso a volar feliz hasta llegar al río Paraná; donde, de pronto, vio brillar – a través de las ramas- dos luces verdes, como bichos de luz. Curioso, se acercó hasta identificar al tigre:
-¡Hola, amigo! -dijo el loro-. ¿Quieres rico pan con leche?
Creyó que el loro se burlaba; pero como tenía hambre, el tigre le dijo:
- “¡Bueno! ¡Pero acércate más, que soy sordo!”. Mentía: quería comérselo.
El loro se acercó y el tigre lanzó un zarpazo con las uñas. No lo mató, pero le arrancó las plumas y la cola. Gritó de dolor y voló, pero tropezando y cayéndose. Por fin, llegó a casa y se miró en el espejo. Era un feísimo loro pelado. Voló, entonces, hasta el hueco de un eucalipto y se escondió en el fondo, tiritando de frío y de vergüenza. En casa, todos lo extrañaban. Lo llamaban y no respondía. Creyeron, entonces, que había muerto y se echaron a llorar. Pero él seguía en su escondite, pues las plumas tardaban en crecer. Hasta que un día, todos -a la hora del té- lo vieron entrar, balanceándose como si nada. Rieron y lloraron, alabando la belleza de sus plumas sin saber que eran nuevas. Luego, Pedrito le contó todo a su amo. Y este, muy molesto, le dijo:loro
- “Necesitaba una piel de tigre para la estufa, y qué mejor si la obtengo gratis”.
Cogió su escopeta y emprendieron la caza. Pedrito debía entretenerlo para que él pudiera cazarlo.
- ¡Rico té con leche! -dijo Pedrito al llegar a la morada del tigre. y el tigre, enojadísimo, al reconocer al loro pelado, repitió:
- ¡Acércate más! ¡Soy sordo! -le mintió nuevamente. – ¡Pan con leche! ¡Está junto al árbol! -dijo Pedrito acercándose.
-¿A quién le hablas? -rugió, dando un gran salto que el lorito evitó a tiempo. Su amo apretó el gatillo y el tigre cayó muerto.
Ya en casa, la familia se enteró y lo felicitó por su hazaña. Y fueron muy felices. A Pedrito le gustaba acercarse a la piel del tigre; y lo invitaba, diciéndole:
- “¡Rica, papa! ¿Quieres té con leche?”. Y todos se morían de risa. Y Pedrito también.

viernes, 22 de febrero de 2013

"VISITA MUSICAL"

LOS ALUMNOS DE EDUCACIÓN INFANTIL RECIBEN LA VISITA DE ALUMNOS DEL CONSERVATORIO DE PUERTOLLANO, PARA FOMENTAR SU GUSTO POR LA MÚSICA.




viernes, 15 de febrero de 2013

FIESTA DE DISFRACES EN EDUCACIÓN INFANTIL

LOS ALUMNOS DE LA ETAPA DE INFANTIL CELEBRARON SU FIESTA DE DISFRACES.